Rafael Gumucio nos explica cuál es el truco para invertir en la vida

/uploads/pedro_pineda.png
Pedro Pineda
29 Jul, 2016 lectura de 11 mins

El escritor se sentó con FINTUAL y habló de su primer trabajo remunerado, su método neurótico para manejar las finanzas y el truco con el que invirtió su capital entre los 18 y los 29.

Esta es la primera entrevista de nuestra serie “Con dinero y sin dinero” donde preguntamos a gente interesante sobre el rol que el dinero ha jugado en sus vidas. Rafael Gumucio es escritor, guionista y realizador de programas de TV como Plan Z.

La primera vez que recibí plata que no fuera mesada fue en un taller literario de Antonio Skármeta. Te daban una plata los alemanes, una ONG alemana. Supongo que ellos habrán dado la plata pensando que se la daban a luchadores o a unos hueones muertos de hambre, pero no, esto era para escritores. Entonces nos pagaban por ir a talleres literarios.

Y cuando eras más chico ¿trabajabas?, ¿hacías cosas en el verano?

No, nunca. Era más flojo que… Tengo un tío que es agricultor y me obligaba a descargar espinacas de camiones. Era tan malo que no me pagaba. Te decía “si ustedes logran descargar *nosécuánto, *te vamos a dar…” pero como nunca lograba la meta, no pagaba.

La plata no tuvo ninguna importancia para mí.

Lo que pasa es que cuando yo decidí que quería ser escritor, lo decidí como súper idealista, tajantemente. Supe que no iba a haber plata y que iba a ser pobre. Entonces me entrené pa’ eso, cachai, me preparé pa’ ser pobre. Pero muy luego en este taller, me pagaban. Después de ese taller entré a trabajar a la revista APSI, me pagaban. Me pagaban muy tarde, muy mal, pero me pagaban.

¿En qué te gastabas la plata?

En libros…

En polola…

No. No tenía.

Ah no, porque tú partiste como tarde con el tema de las mujeres.

No es que de hecho, fue calculado. Porque cuando tuve plata para pagar un pololeo, para el radiotaxi, ahí me puse a pololear.

Ah ya, o sea dijiste, “ahora puedo pololear”. No le ibai a pedir plata a tus papás para pololear.

*Tai *loco. Sería humillante.

Bueno, ahora todos lo hacen.

Sí, sí, pero a mi hija no se lo voy a permitir.

No tu hija… pero quizá su pololo le va a pedir a sus papás para salir.

Bueno que hagan lo que quieran. Pero yo no, no.

No, entonces gastaba, gastaba… y por eso desde muy chico me acostumbré a una vida como de lujos, de lujo relativos digamos, porque toda la plata que ganaba la gastaba en restaurantes. Me acostumbré a que la vida era así.

Después fui ascendiendo laboralmente y seguí viviendo exactamente igual. Hasta que me casé, y ahí cagó todo un poco, en ese sentido digamos, el económico. Yo me preocupaba de gastar muy poco en cosas grandes digamos, ponte tú en arriendo, muy poco en arriendo, en auto, en todo ese tipo de cosas.

¿Y qué son las cosas chicas?

Tener plata para salir a comer, para comprarme libros, para tomar un taxi.

Me gusta ir al supermercado y comprar hueás caras. Y cuando voy, mi mujer termina como horrorizada porque compro puras hueás de colores, que se ven bonitas. O que dicen Exclusivo de Noruega, esa* hueá* la compro, no sirve para nada, pero me encanta, me fascina.

Pero yo cachaba que sólo podía hacer eso mientras gastara lo mínimo en las cosas grandes, en departamento, auto.

O sea nunca fuiste de deudas. Nunca has sido de deudas.

No, no tengo ni una sola deuda. La única deuda que tengo es la hipotecaria. > EL MÉTODO NEURÓTICO PARA MANEJAR LAS FINANZAS

Yo con la plata soy como hiper gastador, despilfarrador pero nunca más de lo que tengo. Pero sí todo lo que tengo.

El único problema de todo ese asunto es que todo eso reside en mi cabeza y es como bien neurótico porque yo nunca hago cuentas, nunca calculo, nunca. De repente digo: “Soy pobre, soy pobre, soy pobre, soy pobre, soy pobre, soy pobre o sea estoy pobre y tengo que buscar trabajo, tengo que buscar trabajo, tengo que buscar trabajo”.

Y empiezo a buscar trabajo y lo consigo y tengo mucho trabajo, y después demasiado trabajo y después digo “ya, estoy rico, estoy rico. Voy a gastar, voy a gastar”. Pero todo esto lo sé yo mentalmente, o sea lo siento así, como que siento una hueá: “Ah estoy rico”, “ah estoy pobre”. > EL TRUCO PARA INVERTIR TU CAPITAL

El 98 estaba súper mal de plata. Igual es una estupidez porque cuando uno está soltero y sin hijos, tiene nula importancia, o sea, para estar angustiado por plata en ese momento hay que ser muy hueón, pero bueno yo era suficientemente hueón para estar angustiado por eso.

Entonces ahí descubrí que había hecho una carrera como de los 18 hasta los 28, 29, en que gané poca plata, me quemé harto las pestañas, hice hartas hueás, me metí en hartas cosas, o tomé muchos riesgos digamos y luego he vivido de eso.

Hay que invertir cinco o seis años de tu vida en elegir entre la plata y la fama, y elegir la fama, siempre la fama. Siempre. Yo empecé a invertir, invertir… sobre todo invertir en riesgo.

Obviamente estaba soltero y era un loco, o sea estaba. No iba a fiestas, no iba a nada. Invertí todo mi capital en la Rock&Pop. Si me pagaban: la raja. Si no me pagaban lo habría hecho igual, digamos. Trabajé en la APSI sin que me pagaran años. En la Nación me pagaban a veces, o sea la cantidad de* hueás* de trabajos que hice gratis es increíble. Lo que pasa es que lo hice a una edad que no era necesario. Lo patético sería que si me quisiera ir a vivir a Nueva York, tendría que hacer lo mismo. Tendría que invertir. Ir a Columbia y decirle “Oiga ¿sabe qué?, quiero hacer clases gratis”, “Hago clases gratis, un semestre”. Pero claro, si yo tengo dos hijos no puedo hacer esa hueá.

Entonces ése es el truco que le voy a decir a los señores inversionistas. Es arriesgar durante un tiempo en que tú podís hacerlo. Yo sólo me preocupaba del capital simbólico, no del capital monetario. He dicho.